Introducción
⌅A
finales del siglo XX e inicios del XXI, México experimentó profundas
reformas estructurales orientadas a consolidar un modelo de crecimiento
económico basado en las exportaciones. Según Krueger (1983)[46] Krueger, A. O. (1983). “The effects of trade strategies on growth”. Finance and Development, 20(2), 6.
,
la apertura comercial debía favorecer el crecimiento mediante las
ventajas comparativas y los efectos multiplicadores del comercio,
generando encadenamientos hacia atrás y hacia adelante entre los
sectores productivos. Se esperaba que la transición de exportaciones
petroleras y manufacturas básicas hacia bienes de mayor tecnología
impulsara un cambio estructural significativo.
La región centro (figura 1) —integrada por la Ciudad de México, Guanajuato, Hidalgo, México, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala— concentra alrededor del 19% de la actividad económica nacional. Su ubicación le confiere un carácter estratégico: comparte con el norte el uso intensivo de capital y con el sur una estructura laboral intensiva en mano de obra. Durante 2003-2018, su PIB creció 45% y sus exportaciones 87%, ubicándose en un rango intermedio respecto al desempeño de otras regiones. Esto sugiere que los cambios estructurales nacionales encuentran un reflejo importante en la dinámica de esta región, aunque con particularidades propias derivadas de su dotación de factores y especialización productiva.
A nivel
nacional, diversos estudios han mostrado que el aumento de las
exportaciones no ha generado un mayor crecimiento económico ni una
integración interna sólida, debido a la creciente dependencia de insumos
importados (Moreno-Brid y Ros, 2010[54]
Moreno-Brid J. C. y Ros, J. (2010). Desarrollo y Crecimiento en la
Economía Mexicana: Una Perspectiva Histórica. Estados Unidos: Fondo de
Cultura Económica.
; Aroche y Márquez, 2012[7]
Aroche, F y Marquez, M.A. (2012). “Structural Integration, Exports and
Growth in Mexico: An Input--Output Approach”. Review of Political
Economy, 24(1), 87-101. https://doi.org/10.1080/09538259.2011.636603
). La región centro probablemente comparte este
rasgo, pero también cuenta con factores que podrían diferenciar sus
encadenamientos productivos respecto al conjunto nacional. Sin embargo,
los estudios empíricos que analizan la evolución de la estructura
productiva regional son todavía limitados, especialmente en el caso de
la región centro, lo que justifica la pertinencia de este trabajo.
En
este estudio se analiza el cambio estructural de la región centro de
México durante 2003-2018, utilizando el modelo de insumo-producto (Leontief, 1963[47] Leontief, W. (1963). “The Structure of Development”. Scientific American, 209, 148-166. https://doi.org/10.1038/scientificamerican0963-148
)
y herramientas de análisis de redes para identificar la integración
productiva, la complejidad de la estructura y los sectores clave. El
enfoque insumo-producto permite cuantificar los efectos directos e
indirectos de los encadenamientos intersectoriales, mientras que el
análisis de redes complementa al identificar la centralidad, la cercanía
y el papel de los sectores dentro de la estructura productiva. De esta
manera, se aporta una perspectiva novedosa respecto a la literatura
existente, que ha privilegiado análisis nacionales y no regionales.
La hipótesis de partida es que la región centro reproduce en buena medida el comportamiento nacional, aunque explota ventajas comparativas locales que le confieren rasgos propios. La principal aportación del artículo es mostrar cómo la posición sectorial y las interconexiones productivas permiten comprender la evolución estructural de la región, contribuyendo así a la discusión sobre el cambio estructural regional en México y ofreciendo evidencia útil para el diseño de políticas que fortalezcan la integración productiva.
El documento se organiza de la siguiente manera: en la primera sección se presentan los fundamentos teóricos y metodológicos; en la segunda se revisan antecedentes empíricos de estudios regionales en México; en la tercera se exponen la base de datos y los resultados; en la cuarta se discuten las implicaciones de los hallazgos; y luego se presentan las conclusiones principales.
1. Posición y cambio estructural
⌅El
proceso de cambio estructural se manifiesta en modificaciones
cuantitativas dentro de la estructura productiva. Dicho proceso se
asocia con la generación de bienes y servicios que definen el perfil de
especialización, la capacidad productiva y el grado de interconexión
sectorial, aspectos que el modelo insumo-producto (IP) permite
cuantificar (Barletta y Yoguel, 2017[9]
Barletta, F. y Yoguel, G. (2017). ¿De qué hablamos cuando hablamos de
cambio estructural? En Abeles, M., Cimoli, M. y Lavarello, P. (Eds.). Manufactura y cambio estructural. Aportes para pensar la política industrial en la Argentina (pp. 27-57). Santiago, Chile: CEPAL.
).
Desde esta perspectiva, Leontief (1963)[47] Leontief, W. (1963). “The Structure of Development”. Scientific American, 209, 148-166. https://doi.org/10.1038/scientificamerican0963-148
concibió la Economía como un sistema abierto, en el cual la demanda
final incide sobre el proceso productivo y genera variaciones en el
nivel de producto. Su modelo destaca la interdependencia sectorial y ha
sido la base para el análisis de jerarquías y encadenamientos dentro de
la estructura productiva. Una de las aplicaciones más frecuentes
consiste en identificar los sectores clave mediante matrices
insumo-producto, ya que permiten cuantificar los vínculos más intensos
entre ramas productivas (Núñez y Romero, 2016[57]
Núñez, G. y Romero, J. (2016). “Contabilidad insumo-producto y un
análisis comparativo-estructural de la economía mexicana”. Documentos de trabajo, (2016-05).
). Varios autores sostienen que la localización de dichos sectores resulta determinante para el desarrollo económico regional (Fuentes y Sastré, 2001[34] Fuentes, N. A. y Sastré, M. (2001). “Identificación empírica de sectores clave de la economía sudbajacaliforniana”. Frontera Norte, 13(26), 51-76.
; Ocegueda, et al., 2009[58] Ocegueda, J. M., Castillo, R. A. y Varela, R. (2009). “Crecimiento regional en México: especialización y sectores clave”. Problemas del desarrollo, 40(159), 61-84. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S030170362009000400004&lng=es&tlng=es.
).
El
debate sobre los sectores clave se ha centrado en las distintas
técnicas disponibles, dado que cada una arroja resultados diferentes (Fuentes y Sastré, 2001[34] Fuentes, N. A. y Sastré, M. (2001). “Identificación empírica de sectores clave de la economía sudbajacaliforniana”. Frontera Norte, 13(26), 51-76.
; Miller y Blair, 2009[51] Miller, R. y Blair, P. (2009). Input-Output Analysis: Foundations and Extensions. Cambridge UK: Cambridge University Press.
).
Sin embargo, todas coinciden en que existen sectores con un efecto
multiplicador mayor: un cambio en su producción impulsa de manera más
intensa al resto del sistema. En este trabajo se emplean los índices de Rasmussen (1956)[63] Rasmussen, P. N. (1956). Studies in intersectoral relations. Países Bajos: Einar Harcks Forlag & North-Holland Publishing Company.
, ampliamente utilizados en la literatura junto con los de Chenery y Watanabe (1958)[20] Chenery, H. B. y Watanabe, T. (1958). “International comparisons of the structure of production”. Econometrica: Journal of the Econometric Society, 487-521.
(Iráizoz, 2006[44]
Iráizoz, B. (2006).” ¿Es determinante el método en la identificación de
los sectores clave de una economía? Una aplicación al caso de las
tablas input-output de Navarra”. Estadística Española, 48(163), 551-585.
).
Los
primeros estudios empíricos sobre cambio estructural utilizaron
comparaciones entre multiplicadores y coeficientes técnicos (Carter, 1970[16] Carter, A. (1970). Structural Change in the American Economy, Harvard studies in technology and society. Reino Unido: Harvard University Press.
; Chenery, 1960[19] Chenery, H. B. (1960). “Patterns of Industrial Growth”. The American Economic Review, 50(4), 624-654. http://www.jstor.org/stable/1812463
).
Dichos trabajos pioneros mostraron que, a medida que aumenta la
integración sectorial, el sistema productivo se torna más complejo y,
por lo tanto, más desarrollado. En investigaciones más recientes, Aroche (2021)[5] Aroche, F. (2021). “On growth regimes, structural change and input coefficients”. Economic Systems Research, 33(1), 114-131. https://doi.org/10.1080/09535314.2020.1730769
retoma este enfoque desde la perspectiva de los regímenes de
crecimiento, señalando que los cambios en los coeficientes
insumo-producto reflejan las transformaciones tecnológicas y
estructurales que determinan la dinámica de largo plazo de las
economías.
Desde esta perspectiva, un cambio estructural puede
identificarse cuando se amplía el número de sectores clave o cuando se
incrementa la intensidad de las relaciones intersectoriales (Miller y Blair, 2009, pp. 303–304[51] Miller, R. y Blair, P. (2009). Input-Output Analysis: Foundations and Extensions. Cambridge UK: Cambridge University Press.
).
A partir de la matriz inversa de Leontief (I−A)−1, Rasmussen (1956)[63] Rasmussen, P. N. (1956). Studies in intersectoral relations. Países Bajos: Einar Harcks Forlag & North-Holland Publishing Company.
definió dos indicadores:
- 1. Efecto de arrastre (Uj): mide la repercusión sobre el sistema productivo ante una variación en la demanda final del sector j.
- 2. Efecto de dispersión (Ui): mide la sensibilidad del sector i ante un cambio en todo el sistema productivo.
La combinación de ambos indicadores permite clasificar los sectores en claves, impulsores, estratégicos o independientes, según su posición relativa en la estructura (véase tabla 1).
| Claves | Impulsores | |
| Estratégicos | Islas o independientes |
Fuente: elaboración propia a partir de Cardenete (2011)[14]
Cardenete, M. A. (2011). “Análisis comparativo de sectores clave desde
una perspectiva regional a través de matrices de contabilidad social:
enfoques alternativos”, Revista de Métodos Cuantitativos para la Economía y la Empresa, 12, 39-64.
Si bien esta técnica proporciona una visión
general de las interrelaciones productivas, no refleja el grado de
integración ni la complejidad de las conexiones sectoriales. Para ello,
se complementa con el enfoque de análisis de redes, en el cual los
sectores son representados como nodos y las relaciones de compra-venta
como aristas (Holub y Schnabl, 1985[42] Holub, H. y Schnabl H. (1985). “Qualitative input-output analysis and structural information”. Economic Modelling, 67-73.
; Bon, 1989[11] Bon, R. (1989). “Qualitative Input-Output Analysis”. Frontiers of Input-Output Analysis, 222-231.
; de Mesnard, 1995[27] de Mesnard, L. (1995). “A note on Qualitative Input-Output Analysis”, Economic Systems Research, 4, 439-448.
).
Este
análisis permite evaluar propiedades como la densidad de conexiones, la
centralidad, la cercanía y la intermediación de los sectores dentro de
la red productiva (Hanneman y Riddle, 2005[41] Hanneman, R. A. y Riddle, M. (2005). Introduction to social network methods. Riverside, CA: University of California.
).
La noción de actor central es comparable a la de sector clave, aunque
incorpora información adicional sobre el número de vínculos, la
proximidad a otros sectores y el papel de intermediación. Para su
aplicación, se construyó una matriz binaria de adyacencias a partir de
la matriz inversa de Leontief:
- Se calculó el promedio de los coeficientes de requerimientos totales.
- Cada elemento de la matriz se dividió entre dicho promedio.
- Se generó la matriz de adyacencias, con valores 1 si el coeficiente superaba la unidad y 0 en caso contrario.
- A
partir de esta, se estimaron medidas de centralidad, cercanía e
intermediación (Bonacich, Hubbell y Freeman), que permiten caracterizar
la complejidad de la red productiva regional (Márquez, 2018[50] Márquez M., M. A. (2018). “La derrama de las exportaciones industriales en países de Latinoamérica”. Problemas del Desarrollo, 193(49), 67-93. https://doi.org/10.22201/iiec.20078951e.2018.193.61281
; Fuentes, Cárdenas y Brugués, 2013[32] Fuentes, N. A., Cárdenas, A. y Brugués, A. (2013). “Análisis estructural de la economía de Baja California: un enfoque de redes sociales”. Región y sociedad, 25(57), 27-60.
).
En síntesis, la combinación de índices insumo-producto y herramientas de redes permite no sólo identificar los sectores clave, sino también evaluar la densidad y complejidad de sus interrelaciones, ofreciendo una visión más completa del cambio estructural.
2. Revisión de la literatura mexicana
⌅De acuerdo con Dávila (2002)[23]
Dávila, A. (2002). “Matriz de insumo-producto de la economía de
Coahuila e identificación de sus flujos intersectoriales más
importantes”. Economía Mexicana Nueva Época, 6(1), 79-162.
,
los modelos de insumo-producto (IP) regionales en México tienen sus
antecedentes en la década de 1950 y a inicios de los años setenta,
cuando se construyeron matrices mediante métodos directos. Sin embargo,
la elaboración de modelos IP subnacionales está actualmente limitada por
los elevados costos de información, lo que hace inviable generar
matrices estatales o regionales con una metodología de “abajo hacia
arriba” (survey) (INEGI, 2022[43] Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2022). Cuadros de Oferta y Utilización y Matrices de Insumo-Producto Multi-Estatales de México. Fuentes y Metodología. https://www.inegi.org.mx/app/biblioteca/ficha.html?upc=889463905332
).
El desarrollo reciente de metodologías de “arriba hacia abajo” (no survey),
que parten de la matriz nacional hacia las regiones, así como la mayor
disponibilidad de estadísticas, han permitido avances significativos en
la estimación de matrices regionales. Ello posibilita el diseño y la
evaluación de políticas públicas para el desarrollo económico regional (Dávila, 2015[24] Dávila, A. (2015). Modelos interregionales de insumo producto de la economía mexicana. México: Miguel Ángel Porrúa y Universidad Autónoma de Coahuila.
; Asuad, 2019[8] Asuad, N. E. (2019). Insumo-producto regional. Teoría, metodología, técnicas y estudios de caso. México: Universidad Nacional Autónoma de México.
).
En México, la investigación sobre modelos IP regionales ha seguido principalmente enfoques no survey o híbridos. Como señalan Callicó, González y Sánchez (2000)[13] Callicó, J., González, E. J. y Sánchez, L. M. (2000). Matriz de insumo-producto regional: Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara.
,
estos métodos permiten evitar encuestas extensivas y combinan
información estadística existente con técnicas de regionalización.
A distintas escalas territoriales, se han realizado múltiples aplicaciones. A nivel municipal destacan los trabajos de Fuentes (2003)[31] Fuentes, N. A. (2003). “Encadenamientos insumo-producto en un municipio fronterizo de Baja California, México”. Frontera Norte, 15(29), 151-184.
y Vera y Langle (2019)[69]
Vera, R. y Langle, M. A. (2019). Flexibilización del modelo de
insumo-producto para determinar interdependencias productivas en la
ciudad fronteriza de Reynosa, Tamaulipas, 2013. Estudios fronterizos, 20.
. A nivel estatal, existen aportaciones como Soto (2000)[66] Soto, V. G. (2000). “El insumo-producto, diseño y uso en los análisis de economía regional: El caso de Nuevo León”. Estudios económicos, 281-309.
, Dávila (2002)[23]
Dávila, A. (2002). “Matriz de insumo-producto de la economía de
Coahuila e identificación de sus flujos intersectoriales más
importantes”. Economía Mexicana Nueva Época, 6(1), 79-162.
, Moreno y Anguiano (2006)[52]
Moreno, L. B. y Anguiano, E. (2006). “Regionalización de la matriz
insumoproducto del Distrito Federal mediante coeficientes de
localización”. Tiempo Económico, 2(24), 5-20.
, Núñez y Cruz (2009)[56] Núñez, G. y Cruz, Á. S. (2009). “Matriz insumo-producto de Oaxaca y un análisis de su economía”. Revista Mexicana Agrícola y de los recursos naturales, 2(3), 105-125.
, Olivares y Lozano (2011)[59]
Olivares, J. A. y Lozano, R. (2011). La matriz Insumo-Producto de
Quintana Roo (2003). En Lozano, R. y Cabrera, L. F. (Coords.) Quintana Roo: Producto Interno Bruto Municipal (1993-2008) y Matriz de Insumo-Producto (pp. 181-223). Quintana Roo, México. Estos Días, S. A. de C. V.
, Albornoz y Becerril (2012)[3]
Albornoz, L. y Becerril, J. (2012). “La estructura de las
interrelaciones productivas de la economía del estado de Yucatán: Un
enfoque de insumo-producto”. Región y Sociedad, (54), 135-174.
, Aguilar y López (2018)[2] Aguilar, M. y López, A. K. (2018). Matriz de insumo-producto del Estado de México para el año 2008 (tesis de licenciatura). Universidad Autónoma del Estado de México. http://ri.uaemex.mx/handle/20.500.11799/95349
, García, Walle y Galván (2020)[35]
García, F., Walle, G. R. y Galván, A. (2020). “Identificación de
subsectores estratégicos y flujos intersectoriales a partir de la matriz
insumoproducto del estado de Tamaulipas, México”. Análisis económico, 35(88), 209-238.
y, más recientemente, la publicación de las matrices IP multiestatales para 2018 por parte del INEGI (2022)[43] Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2022). Cuadros de Oferta y Utilización y Matrices de Insumo-Producto Multi-Estatales de México. Fuentes y Metodología. https://www.inegi.org.mx/app/biblioteca/ficha.html?upc=889463905332
.
A nivel regional, pueden mencionarse los estudios de Callicó, González y Sánchez (2000)[13] Callicó, J., González, E. J. y Sánchez, L. M. (2000). Matriz de insumo-producto regional: Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit. Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara.
, Guajardo, Dorantes y Rodríguez (2000)[40]
Guajardo, R. G., Dorantes, R. A. y Rodríguez, D. V. (2000). “Estructura
económica de la región Noreste de México con énfasis en la industria
maquiladora”. Ensayos Revista de Economía, 19(1), 21-42.
, Chapa, Ayala y Hernández (2009)[18] Chapa, J. C., Ayala, E. A. y Hernández, I. D. (2009). “Modelo insumo-producto para el noreste de México”. Ciencia UANL, 12(4), 409-416.
, Dávila, Valdés, Castillo y Villegas (2013)[26]
Dávila, A., Valdés, M., Castillo, S. H., y Villegas, C. E. (2013).
Matriz de InsumoProducto de la Región Centro Occidente. 2008. Reporte
técnico preparado para el Fideicomiso para el Desarrollo de la Región
Centro Occidente (FIDERCO). Centro de Investigaciones Socioeconómicas,
Universidad Autónoma de Coahuila.
, Chiquiar, Alvarado, Quiroga y Torre (2017)[21] Chiquiar, D., Alvarado, J., Quiroga, M. y Torre, L. (2017). Regional input-output matrices, an application to manufacturing exports in México (No. 201709). Ciudad de México, México: Working Papers.
, Torre, Alvarado y Quiroga (2017)[67] Torre, L. E., Alvarado, J. A. y Quiroga, M. (2017). Matrices insumo-producto regionales: una aplicación al sector automotriz en México. Ciudad de México, México: Working Papers.
y Dávila (2019)[25] Dávila, A. (2019). Modelos económicos de las regiones de México. México: Miguel Ángel Porrúa y Universidad Autónoma de Coahuila.
.
En conjunto, estos trabajos han tenido dos propósitos principales: I)
ampliar y optimizar el uso de la información disponible y II) prever
impactos sobre las economías regionales derivados de distintos
acontecimientos, ambos directamente relacionados con la agenda de
desarrollo regional (Dávila et al., 2013[26]
Dávila, A., Valdés, M., Castillo, S. H., y Villegas, C. E. (2013).
Matriz de InsumoProducto de la Región Centro Occidente. 2008. Reporte
técnico preparado para el Fideicomiso para el Desarrollo de la Región
Centro Occidente (FIDERCO). Centro de Investigaciones Socioeconómicas,
Universidad Autónoma de Coahuila.
).
Con la matriz nacional de 2012, elaborada por el INEGI, y bajo el enfoque de Flegg (1995[28]
Flegg, A. T., Webber, C. D., & Elliott, M. (1995). On the
appropriate use of location quotients in generating regional
input-output tables: Reply. Regional Studies, 29(6), 547-561.
, 1997)[29]
Flegg, A. T., & Webber, C. D. (1997). On the appropriate use of
location quotients in generating regional input-output tables. Regional
Studies, 31(8), 795-805.
, Chiquiar et al. (2017)[21] Chiquiar, D., Alvarado, J., Quiroga, M. y Torre, L. (2017). Regional input-output matrices, an application to manufacturing exports in México (No. 201709). Ciudad de México, México: Working Papers.
y Torre et al. (2017)[67] Torre, L. E., Alvarado, J. A. y Quiroga, M. (2017). Matrices insumo-producto regionales: una aplicación al sector automotriz en México. Ciudad de México, México: Working Papers.
estimaron cuatro matrices regionales de insumo-producto en el marco de
la regionalización del Banco de México. Los primeros evaluaron el
impacto de un choque en la industria manufacturera sobre el producto, el
valor agregado y el empleo regional. Sus resultados mostraron que,
después de la región norte, la región centro registraba los efectos más
significativos. Torre et al. (2017)[67] Torre, L. E., Alvarado, J. A. y Quiroga, M. (2017). Matrices insumo-producto regionales: una aplicación al sector automotriz en México. Ciudad de México, México: Working Papers.
,
por su parte, analizaron el impacto de la construcción y operación de
una planta automotriz, encontrando que los efectos más relevantes sobre
la producción bruta, el valor agregado y el empleo también se
concentraban en la región centro.
Dávila (2019)[25] Dávila, A. (2019). Modelos económicos de las regiones de México. México: Miguel Ángel Porrúa y Universidad Autónoma de Coahuila.
propuso una regionalización alternativa de la economía mexicana en
siete mesorregiones, a partir de criterios de contigüidad geográfica,
exclusividad, distancia a la frontera norte y condiciones geográficas
relevantes. Utilizando el enfoque de Flegg y la matriz nacional de 2013,
construyó matrices contables regionales que posteriormente fueron
empleadas por Trejo y Negrete (2019)[68]
Trejo, A. y Negrete, M. E. (2019). Análisis económico estructural en la
región centro de México con base en un modelo de contabilidad social
para 2013. En Dávila, A. (Coord.), Modelos económicos de las regiones de México (pp. 173-212). México: Miguel Ángel Porrúa y Universidad Autónoma de Coahuila.
para analizar la estructura económica de la región centro,
identificando al comercio y los servicios inmobiliarios como sectores
clave.
En cuanto a la literatura sobre cambio estructural en
México, los estudios se han concentrado mayormente en el ámbito
nacional, con una amplia dispersión en los enfoques y sin un consenso
sobre la definición de cambio estructural (Guadarrama y Cortez, 2024[39]
Guadarrama. M. A. y Cortez, H. M. (2024). “Análisis exploratorio del
cambio estructural de la economía mexicana, 1980-2018”. Cimexus, 19(2), 116125.
). Algunos ejemplos incluyen: Flores (1998)[30] Flores, J. (1998). “Cambio estructural y resultados productivos y comerciales del sector manufacturero en México”. Argumentos Estudios Críticos de la Sociedad, (31), 53-74.
, sobre la evolución del sector manufacturero en los años ochenta; Cordera y Lomelí (2005)[22] Cordera, R. y Lomelí, L. (2005). “El cambio estructural en México 1982-2004: elementos para una evaluación”. Economía Informa, (336), 5-21.
, acerca de la inversión y el crecimiento entre 1982 y 2004; Pineda (2009)[62] Pineda, P. (2009). “Cambio estructural en México y desencuentros de su evolución económica reciente”. Revista Configuraciones Latinoamericanas, 2(3), 1-19.
, en torno a los cambios en inversión, exportaciones e importaciones en los noventa; Katz (2012)[45] Katz, J. (2012). “Cambios estructurales y desarrollo económico”. Revista de Economía Política de Buenos Aires, 1(1), 71-92.
, sobre los cambios en la composición sectorial entre 1970 y 2002; Calderón y Hernández (2016)[12] Calderón, C. y Hernández, L. (2016). “Cambio estructural y desindustrialización en México”, Panorama Económico, 12(23). 153-189.
, en relación con la apertura comercial y la dinámica industrial; y Alvarado y Padilla (2017)[4]
Alvarado, J. y Padilla, R. (2017). Política industrial y cambio
estructural en México. En Cimoli, M., Castillo, M., Porcile, G. y
Stumpo, G. (Eds.), Políticas industriales y tecnológicas en América Latina (pp. 369-409). Santiago de Chile, Chile: CEPAL.
,
sobre los efectos de la política industrial en el desempeño exportador y
la inversión extranjera directa a partir de los noventa.
Son menos frecuentes los estudios que abordan el cambio estructural desde el análisis insumo-producto. Entre ellos, destacan Cardero y Aroche (2008)[15]
Cardero, M. E. y Aroche, F. (2008). “Cambio estructural comandado por
apertura comercial. El caso de la economía mexicana”. Estudios económicos, 23(2), 203-252.
,
quienes utilizaron las matrices nacionales de 1980 y 2000 para analizar
los efectos de la apertura comercial sobre la estructura productiva; Guadarrama (2017)[38] Guadarrama, M. A. (2017). “Modelo exportador y cambio estructural en México de 1980 a 2013”. Foreign Affairs Latinoamérica. https://revistafal.com/modelo-exportador-y-cambio-estructural-enmexico-de-1980-a-2013/
, que examinó la estructura manufacturera entre 1980 y 2013; y Guadarrama y Cortez (2024)[39]
Guadarrama. M. A. y Cortez, H. M. (2024). “Análisis exploratorio del
cambio estructural de la economía mexicana, 1980-2018”. Cimexus, 19(2), 116125.
,
que realizaron un análisis exploratorio del cambio estructural de la
economía mexicana entre 1980 y 2018, acompañado de una discusión
conceptual sobre el tema.
3. Resultados
⌅Se
emplearon las matrices insumo-producto (IP) nacionales de 2003 y 2018,
agregadas a 28 ramas; a partir de ellas se estimaron las matrices de la
región centro mediante el enfoque FLQ de Flegg et al. (1995[28]
Flegg, A. T., Webber, C. D., & Elliott, M. (1995). On the
appropriate use of location quotients in generating regional
input-output tables: Reply. Regional Studies, 29(6), 547-561.
; 1997)[29]
Flegg, A. T., & Webber, C. D. (1997). On the appropriate use of
location quotients in generating regional input-output tables. Regional
Studies, 31(8), 795-805.
. Previo al análisis
empírico, se realiza un examen estadístico de la distribución de los
coeficientes técnicos de ambos años. De acuerdo con Morillas (1995)[55] Morillas, A. (1995). Aplicación
de la teoría de grafos al estudio de los cambios en las relaciones
intersectoriales de la economía andaluza en la década de los 80. España: Instituto de Estadística de Andalucía, Junta de Andalucía.
, las relaciones intersectoriales se clasifican en: muy débiles (<1%), débiles (1–5%), medias (5–10%) y fuertes (≥10%).
La tabla 2 (matrices regionales estimadas, 28×28 = 784 celdas por año) muestra que la mayoría de los coeficientes corresponde a relaciones muy débiles, cuyo peso relativo aumenta entre 2003 y 2018, mientras que las relaciones fuertes disminuyen en el mismo período.
| Intervalos | 2003 | 2018 | |||
|---|---|---|---|---|---|
| Absoluto | Relativo | Absoluto | Relativo | ||
| Menor a | 0.01 | 605 | 77.17 | 631 | 80.48 |
| 0.01 | 0.05 | 148 | 18.88 | 119 | 15.18 |
| 0.05 | 0.10 | 25 | 3.19 | 30 | 3.83 |
| 0.10 | y más | 6 | 0.77 | 4 | 0.51 |
| Estadísticos 2003 Media: 0.0088 Desviación estándar: 0.0188 Mediana: 0.0019 Coeficiente de variación: 214.77 Mínimo: 0.0000 Máximo: 0.2321 |
|||||
| Estadísticos 2018 Media: 0.0080 Desviación estándar: 0.0171 Mediana: 0.0014 Coeficiente de variación: 214.41 Mínimo: 0.0000 Máximo: 0.1558 |
|||||
Fuente: elaboración propia con base en la información de las matrices regionales estimadas de 2003 y 2018
En síntesis: (I) la media apenas varía, lo que implica cambios poco significativos en promedio; (II) la dispersión disminuye, pues el coeficiente máximo se reduce de 0.2321 a 0.1558; y (III) la mediana desciende (de 0.0019 a 0.0014), de modo que tomando como referencia la mediana de 2003, el porcentaje de coeficientes por encima de ese valor pasa de 50% a 44.77% en 2018. En consecuencia, se observa una menor densidad de vínculos relativamente intensos y una mayor proporción de relaciones débiles.
En cuanto al peso económico de la región, su participación en el PIB nacional disminuyó: en 2003 representaba 40.44%, mientras que en 2018 se redujo a 38.58%. La composición sectorial se mantuvo prácticamente constante: predominan las actividades terciarias (~73%), seguidas de las secundarias (~26%) y, en menor medida, las primarias (~1.5%) (tabla 3).
| 2003 | 2018 | |||
|---|---|---|---|---|
| Región centro | Nacional | Región Centro | Nacional | |
| Primario | 1.71 | 3.37 | 1.55 | 3.48 |
| Secundario | 25.51 | 33.08 | 25.81 | 33.87 |
| Terciario | 72.78 | 63.56 | 72.64 | 62.65 |
Fuente: elaboración propia con base en la información del Producto Interno Bruto estatal y nacional del INEGI
En el período 2003-2018, el PIB regional creció a un promedio anual de 2.27%, ligeramente por encima del nacional (2.02%). Por grandes agregados, el dinamismo provino del terciario (2.65%), seguido del secundario (1.65%) y del primario (1.31%) (figura 2).
Para
identificar patrones de especialización, se calcularon coeficientes de
localización (LQ), definidos como la razón entre la participación de un
sector en el PIB regional respecto a su participación en el PIB
nacional. Este indicador, aunque de uso simple y con requerimientos
mínimos de información, resulta útil como primer acercamiento para
señalar sectores con posible presencia regional significativa, si bien
es inadecuado para la estimación de multiplicadores regionales (Blair y Carroll, 2008[10] Blair, J. P. y Carroll, M. C. (2008). Local economic development: Analysis, practices and globalization. United States of America: Sage Publications.
). En este estudio se emplea el criterio estándar: un LQ>1 indica especialización relativa.
Los resultados muestran un patrón estable entre 2003 y 2018, aunque con señales de terciarización. En 2003 la región centro presentaba especialización en seis subsectores manufactureros y doce terciarios; para 2018 la especialización se redujo a cuatro subsectores manufactureros y se amplió a trece terciarios. En particular, se observa que:
- Pierden especialización: alimentos, bebidas y tabaco (311-312) y muebles, colchones y persianas (337).
- Ganan especialización: otros servicios (81).
En conjunto, los resultados reflejan una ligera pérdida de vocación manufacturera y una mayor presencia relativa del sector terciario, lo que apunta hacia un proceso de terciarización de la economía regional (véase figura 3).
Para evaluar la integración sectorial, se utilizaron las ecuaciones (1) y (2) de la metodología de Rasmussen (1956)[63] Rasmussen, P. N. (1956). Studies in intersectoral relations. Países Bajos: Einar Harcks Forlag & North-Holland Publishing Company.
,
que permiten clasificar a los sectores en cuatro categorías: clave
(altamente integrados), impulsores (demandan muchos insumos),
estratégicos (proveen insumos relevantes) e independientes (escasamente
vinculados).
Los resultados (tabla 4) indican que, entre 2003 y 2018, disminuyó el número de sectores clave e independientes, mientras que aumentaron los impulsores y estratégicos. A nivel nacional, la base de sectores clave incluye la agricultura (11), el petróleo, química, plástico y hule (324-326) y las industrias metálicas básicas (331-332). En la región centro, además del agro (11), destacan el papel e impresión (322-323) y los servicios financieros (52).
En 2018, ascienden a sectores clave las industrias de
alimentos y bebidas (311-312) y textiles (313-316), lo cual constituye
un ejemplo de variedad relacionada en el sentido de Barletta y Yoguel (2017)[9]
Barletta, F. y Yoguel, G. (2017). ¿De qué hablamos cuando hablamos de
cambio estructural? En Abeles, M., Cimoli, M. y Lavarello, P. (Eds.). Manufactura y cambio estructural. Aportes para pensar la política industrial en la Argentina (pp. 27-57). Santiago, Chile: CEPAL.
,
es decir, nuevas ramas vinculadas con la base productiva existente. Por
el contrario, el agro (11) permanece como clave tanto en 2003 como en
2018, aunque su bajo dinamismo lo acerca a un patrón de especialización
no relacionada.
| Sectores | 2003 | 2018 | ||
|---|---|---|---|---|
| Nacional | Región centro | Nacional | Región centro | |
| Claves | 11. Agricultura, ganadería 22. Generación de electricidad 324-326. Petróleo y química 331-332. Industrias metálicas 52. Servicios financieros |
11. Agricultura, ganadería… 22. Generación de electricidad 322-323. Papel e impresión 331-332. Industrias metálicas 48-49. Transportes 51. Información en medios masivos 52. Servicios financieros |
11. Agricultura, ganadería… 311-312. Alimentos y bebidas 324-326. Petróleo y química 331-332. Industrias metálicas |
11. Agricultura, ganadería… 311-312. Alimentos y bebidas 313-316. Textiles 322-323. Papel e impresión 52. Servicios financieros |
| Impulsores | 23. Construcción 311-312. Alimentos y bebidas 313-316. Textiles 321. Madera 322-323. Papel e impresión 327. Minerales no metálicos 337. Muebles 55. Corporativos |
23. Construcción 311-312. Alimentos y bebidas 321. Madera 327. Minerales no metálicos 337. Muebles 72. Servicios de alojamiento |
23. Construcción 313-316. Textiles 321. Madera 322-323. Papel e impresión 327. Minerales no metálicos 337. Muebles 51. Información en medios masivos 52. Servicios financieros 55. Corporativos 72. Servicios de alojamiento |
21. Minería 23. Construcción 321. Madera 327. Minerales no metálicos 331-332. Industrias metálicas 337. Muebles 55. Corporativos 72. Servicios de alojamiento 93. Actividades de gobierno |
| Estratégicos | 21. Minería 43-46. Comercio 48-49. Transportes 51. Información en medios masivos 53. Servicios inmobiliarios 54. Servicios profesionales 56. Servicios de apoyo |
324-326. Petróleo y química 43-46. Comercio 53. Servicios inmobiliarios 54. Servicios profesionales 56. Servicios de apoyo |
21. Minería 22. Generación de electricidad 43-46. Comercio 48-49. Transportes 53. Servicios inmobiliarios 54. Servicios profesionales 56. Servicios de apoyo |
324-326. Petróleo y química 43-46. Comercio 48-49. Transportes 53. Servicios inmobiliarios 54. Servicios profesionales 56. Servicios de apoyo |
| Independientes | 333-336. Maquinaria y equipo 339. Otras manufacturas 61. Servicios educativos 62. Servicios de salud 71. Servicios de esparcimiento 72. Servicios de alojamiento 81. Otros servicios 93. Actividades de gobierno |
21. Minería 313-316. Textiles 333-336. Maquinaria y equipo 339. Otras manufacturas 55. Corporativos 61. Servicios educativos 62. Servicios de salud 71. Servicios de esparcimiento 81. Otros servicios 93. Actividades de gobierno |
333-336. Maquinaria y equipo 339. Otras industrias 61. Servicios educativos 62. Servicios de salud 71. Servicios de alojamiento 81. Otros servicios 93. Actividades de gobierno |
22. Generación de electricidad 333-336. Maquinaria y equipo 339. Otras manufacturas 51. Información en medios masivos. 61. Servicios educativos 62. Servicios de salud 71. Servicios de alojamiento 81. Otros servicios |
Fuente: elaboración propia con base en la metodología descrita en el presente documento
De acuerdo con la teoría, un sector puede considerarse prominente o de prestigio cuando mantiene numerosos vínculos de entrada (compras) y salida (ventas) con el resto del sistema productivo. En la región centro, entre 2003 y 2018, el número de sectores clave disminuyó, y con ello la densidad de vínculos de entrada pasó de 1.7% a 1.0% del total de relaciones del sistema. En contraste, los vínculos de salida se mantuvieron relativamente estables, en torno a 0.6% (tabla 5).
| Año | Sector/subsector | Vínculos | Grado de complejidad (%) | ||
|---|---|---|---|---|---|
| Compras | Ventas | Compras | Ventas | ||
| 2003 | 11. Agricultura, ganadería, aprovechamiento forestal, pesca y caza | 3 | 2 | 1.7 | 0.6 |
| 22. Minería | 3 | 0 | |||
| 322-323. Industrias del papel, impresión e industrias conexas | 2 | 0 | |||
| 331-332. Industrias metálicas | 1 | 1 | |||
| 48-49. Transportes, correos y almacenamiento | 1 | 1 | |||
| 51. Información en medios masivos | 1 | 0 | |||
| 52. Servicios financieros y de seguros | 2 | 1 | |||
| 2018 | 11. Agricultura, ganadería, aprovechamiento forestal, pesca y caza | 3 | 2 | 1.0 | 0.6 |
| 311-312. Industrias alimentaria, de las bebidas y del tabaco | 2 | 2 | |||
| 31-316. Textiles, prendas de vestir y productos de cuero | 0 | 0 | |||
| 322-323. Industrias del papel, impresión e industrias conexas | 2 | 0 | |||
| 52. Servicios financieros y de seguros | 1 | 1 | |||
Fuente: elaboración propia con base en la información de las matrices regionales de 2003 y 2018
Los sectores clave muestran patrones diferenciados:
- Agro (11): mantiene vínculos de entrada principalmente con alimentos, bebidas y tabaco (311-312), petróleo, química, plástico y hule (324-326), y comercio (43-46); mientras que por el lado de las salidas se relaciona sobre todo con alimentos-bebidas (311-312) y madera (321).
- Papel e impresión (322-323): concentra sus entradas en derivados del petróleo y química (324-326) y comercio (43-46); sin vínculos de salida destacados.
- Servicios financieros (52): en 2003 mantenía entradas con servicios profesionales (54) y de apoyo a los negocios (56); en 2018 pierde parcialmente este vínculo con el sector profesional (54). No registra salidas de gran magnitud hacia otros sectores.
En términos de abastecimiento, los sectores clave presentan perfiles distintos: el agro (11) conserva más de dos terceras partes de sus insumos de origen local, mientras que papel e impresión (322-323) incrementa su dependencia de insumos externos a la región. Por su parte, los servicios financieros (52) aumentan su integración local al elevar el uso de insumos regionales (figura 4).
4. La economía desarrollada
⌅El
cambio estructural constituye un tema central en los enfoques de
desarrollo —tanto desde la perspectiva heterodoxa como desde la
ortodoxa—, pues se manifiesta a través de la evolución de las fuerzas
productivas, lo que implica transformaciones sociales, tecnológicas y en
la distribución del ingreso (Ortiz, 2010[60] Ortiz, E. (2010). “Modelos de desarrollo heterodoxos y ortodoxos”. Economía unam, 7(19), 69-79.
).
La visión clásica sostiene que el cambio estructural es un fenómeno
endógeno que responde a la evolución de las dotaciones factoriales de
cada región; en cambio, la perspectiva estructuralista lo entiende como
el resultado de un conjunto de interrelaciones entre procesos
productivos y agentes económicos, más que como un efecto espontáneo de
las dotaciones (Abeles, Cimoli y Lavarello, 2017[1] Abeles, M., Cimoli, M. y Lavarello, P. (2017). Manufactura y cambio estructural. Aportes para pensar la política industrial en la Argentina. Argentina: CEPAL.
; Leontief, 1970[48]
Leontief, W. (1970) "The Dynamic Inverse". In: Carter A.P., Brody et
al. (eds), Contributions to Input-Output Analysis. North-Holland,
Amsterdam (1967) "An open dynamic system for long-range projection of
economic growth" In P.N. Mathur and R. Bharadwaj (eds.) Economic Analysis in Input-Output Framework. P.N. Mathur-Poona. India.
).
Autores como Pasinetti (1981)[61] Pasinetti, L. L. (1981). Structural Change and Economic Growth: A Theoretical Essay on the Dynamics of the Wealth of Nations. Reino Unido: Cambridge University Press.
, Lowe (1955)[49] Lowe, A. (1955). Structural Analysis of Real Capital Formation. In Capital Formation and economic growth (pp. 581-634). Princeton University Press.
y Schumpeter (1944)[65] Schumpeter, J. (1944). Teoría del desenvolvimiento económico. Una investigación sobre ganancias, capital, crédito y ciclo económico. México: Fondo de Cultura Económica.
plantearon que el cambio estructural es posible en el largo plazo y,
desde un enfoque de sistema cerrado, lo atribuyeron a modificaciones en
la estructura productiva y social, donde la acción de los agentes
económicos y de las instituciones orienta la dirección de la
transformación. Por su parte, desde la visión de Leontief (1970)[48]
Leontief, W. (1970) "The Dynamic Inverse". In: Carter A.P., Brody et
al. (eds), Contributions to Input-Output Analysis. North-Holland,
Amsterdam (1967) "An open dynamic system for long-range projection of
economic growth" In P.N. Mathur and R. Bharadwaj (eds.) Economic Analysis in Input-Output Framework. P.N. Mathur-Poona. India.
—un sistema abierto—, el cambio estructural se explica principalmente
por los efectos de los componentes de la demanda final, en particular de
la inversión en capital.
La interdependencia sectorial define la
configuración de la estructura productiva, reconociendo que las
relaciones entre sectores varían en naturaleza e intensidad. Algunos
sectores mantienen fuertes encadenamientos directos e indirectos,
mientras que otros permanecen relativamente aislados. La complejidad de
estas interrelaciones se asocia al nivel de desarrollo de la economía (Leontief, 1963[47] Leontief, W. (1963). “The Structure of Development”. Scientific American, 209, 148-166. https://doi.org/10.1038/scientificamerican0963-148
; Aroche, 1996[6] Aroche, F. (1996). “Important Coefficients and Structural Change: A Multi-layer Approach”. Economic Systems Research, 8(3), 235-246. https://doi.org/10.1080/09535319600000017
).
En el marco insumo-producto, la estructura productiva depende de la
tecnología de cada sector, que determina sus requerimientos de insumos.
Por lo tanto, la matriz de coeficientes técnicos representa la
estructura productiva de corto plazo, y las variaciones en dichos
coeficientes reflejan procesos de cambio estructural.
Desde 2012,
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) distingue
entre procesos de cambio estructural virtuosos y regresivos. Se
consideran virtuosos cuando las economías generan sinergias mediante
encadenamientos hacia atrás y hacia adelante, lo que impulsa la
diversificación productiva; por el contrario, se clasifican como
regresivos cuando la modernización tecnológica ocurre de forma
fragmentada y amplía las brechas intersectoriales (CEPAL, 2012[17] CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) (2012). Cambio estructural para la igualdad: una visión integrada del desarrollo. Santiago, Chile. https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/9dc30e74-64f8-4988-b18d-b75c59e839a3/content
).
En este estudio, el cambio estructural se mide a través de la identificación de sectores clave con base en la metodología convencional de Rasmussen. Sin embargo, este enfoque se complementa con el análisis de las conexiones que sostienen dichos sectores dentro de la estructura productiva, utilizando técnicas adicionales orientadas a captar la complejidad relacional. Ello responde al hecho de que es posible observar variaciones en la cantidad de sectores clave sin que necesariamente se produzca un aumento en la complejidad de la estructura productiva.
Conclusiones
⌅La
estructura económica es determinante en los procesos de crecimiento y
desarrollo, pero sigue siendo complejo determinar qué tipo de
especialización es deseable para lograr un crecimiento sostenible, dada
la fragmentación de la producción, el surgimiento de nuevos servicios, y
la existencia de las interconexiones y dependencias del sistema
económico mundial (Barletta y Yoguel, 2017[9]
Barletta, F. y Yoguel, G. (2017). ¿De qué hablamos cuando hablamos de
cambio estructural? En Abeles, M., Cimoli, M. y Lavarello, P. (Eds.). Manufactura y cambio estructural. Aportes para pensar la política industrial en la Argentina (pp. 27-57). Santiago, Chile: CEPAL.
).
En
este sentido, las opciones que tiene la región centro, para generar un
proceso de cambio estructural virtuoso, están relacionadas con la
eficacia en la implementación de políticas sectoriales para generar: un
aumento en las interconexiones del sistema económico, la generación de
variedad relacionada con el perfil de especialización y el surgimiento
de nuevos sectores productivos, que puede resultar en un aumento en la
eficiencia de todo el sistema productivo (Barletta y Yoguel, 2017[9]
Barletta, F. y Yoguel, G. (2017). ¿De qué hablamos cuando hablamos de
cambio estructural? En Abeles, M., Cimoli, M. y Lavarello, P. (Eds.). Manufactura y cambio estructural. Aportes para pensar la política industrial en la Argentina (pp. 27-57). Santiago, Chile: CEPAL.
).
Con los resultados obtenidos, se puede afirmar que la región centro es una región importante con un considerable número de sectores con alta presencia regional (especialización); por ello, existen posibilidades, con la implementación de políticas sectoriales, de generar variedad relacionada y un mayor dinamismo sectorial basado en la dinámica sectorial, sobre todo, en el componente competitivo.
Por otro lado, con los resultados de Rasmussen, se observa que la región centro mantiene un número considerable de sectores catalogados como independientes, con pocas interconexiones en el sistema económico; con políticas sectoriales regionales podría disminuir dichos sectores y catapultarlos a otra categoría, así como consolidar más sectores como claves, ya que son aquellos que tienen el mayor número de interconexiones dentro del sistema económico, sin dejar de considerar cambios en las dotaciones factoriales, tecnología o cambios en la demanda.
Sin embargo, quedan tareas pendientes en cuanto al análisis regional: por un lado, contar con matrices insumo-producto estatales y regionales (aunque el INEGI ha hecho un esfuerzo por construir y liberar matrices de insumo-producto multiestatales); y, por otro, un mayor grado de desagregación sectorial (sector, subsector, etcétera) para obtener resultados más precisos, ya que muchos de los instrumentos de análisis regional son sensibles al grado de dicha desagregación.